Sale del plan, no del avance
Una requisición es anticipada por definición: el material tiene que estar antes de ejecutar. Por eso nace del mapeo y la programación —lo que ya declaraste que vas a hacer y cuándo—, no de lo que ya se hizo. Si una fase no está programada, el sistema no la deja requisitar.
La cantidad la pone tu matriz
Cada concepto se explota en sus insumos con los rendimientos de tu análisis de precios unitarios, básicos incluidos. Si tu matriz dice que un metro cuadrado de aplanado lleva 0.028 m³ de arena, cien metros piden 2.80. Nadie vuelve a calcularlo a mano ni lo saca de memoria.
Cada insumo trae su tope
La explosión de insumos de toda la obra fija el techo de cada material. Si una requisición lo rebasa, se marca antes de comprar. Y si un insumo corre más rápido que el avance planeado, avisa aunque todavía no llegue al tope: ahí es donde se alcanza a corregir.
La compra se liga y el avance concilia
De la requisición sale la orden de compra con su pago y su comprobante. El avance que el residente ya capturó se concilia solo contra lo que se pidió, sin volver a capturarlo. Queda la traza completa: cuánto se necesitaba, cuánto se pidió, cuánto se compró, cuánto llegó y cuánto se usó.